Un estudio realizado recientemente examinó los efectos de esta política y concluyó que el sector más importante —la pesca— es el único que no está creciendo. Mientras que el turismo representa la mayor parte de la economía oceánica de la UE y la energía eólica es la que crece más rápidamente, la acuicultura se encuentra estancada y la pesca está en declive. En la competencia por el espacio marino, los parques eólicos tienen claramente la máxima prioridad para la UE, lo que está desplazando cada vez más a la industria pesquera europea, que ya atraviesa dificultades.
Tampoco se menciona el problema estratégico que supone la externalización de nuestra producción pesquera a terceros países, especialmente a China —una tendencia al alza que amenaza la seguridad alimentaria europea—.
Según Siegbert Droese, eurodiputado del Grupo ESN y miembro de la Comisión de Pesca (PECH), “ambas amenazas —para la seguridad energética de la UE y para su suministro alimentario— ponen de manifiesto la falta de visión estratégica en la política de la UE. Durante años, los burócratas de la UE han antepuesto los objetivos de neutralidad climática a la seguridad y la prosperidad de los ciudadanos europeos”.”