Lagarde, von der Leyen, Dombrovskis y compañía han conseguido lo que querían: señales positivas a corto plazo para desviar la atención de la grave situación de una zona del euro irremediablemente sobreendeudada y que, en realidad, ya no tiene salvación.
Las élites búlgaras también han conseguido lo que querían: un respiro en materia de disciplina presupuestaria, lo que les permite por fin —sin la supervisión de una junta monetaria— ganarse el favor de los votantes con dinero «helicóptero» barato.