“Europa sigue siendo financieramente dependiente y estratégicamente débil, mientras que otros actores están reforzando deliberadamente sus posiciones. En lugar de reducir estas dependencias, la UE está llevando a cabo proyectos como el euro digital, que ni generan demanda internacional ni abordan los problemas estructurales subyacentes. Al mismo tiempo, la fragmentación de los mercados de capitales y la falta de instrumentos de inversión seguros impiden que el euro sea verdaderamente competitivo. De este modo, Europa sigue desperdiciando su oportunidad de alcanzar la soberanía financiera y permanece a la sombra del dólar estadounidense”.”